🐾 El Bestiario…Tlaxcala…La farsa democrática del Poder Judicial.
Opinión de Edgar García Gallegos
El 1 de junio no fue una fiesta democrática. Fue, en el mejor de los casos, una simulación elegante; en el peor, un experimento de laboratorio para probar la voluntad ciudadana sin anestesia. México celebró su primera elección judicial como quien celebra su cumpleaños olvidando a quién invitó y por qué.
Las cifras no son alentadoras. En Tlaxcala, como en gran parte del país, la participación fue escasa. Quienes acudieron a votar lo hicieron entre la confusión de nombres desconocidos, siglas ajenas y boletas incomprensibles. Nadie sabía por qué tenía que elegir jueces y magistrados a quienes jamás había escuchado, bajo una lógica electoral que ni el INE se dignó explicar con claridad.
Analizar 13 boletas fue un caos. Lo viví en carne propia. No quedó duda: solo los aleccionados supieron por quién votar. Porque a los demás ni los conocen.
¿Democratizar la justicia? ¿Reducir la corrupción? Tal vez. Pero nadie explicó cómo lograr eso llenando papeletas bajo una lluvia de desinformación y acordeones impresos que —curiosamente— ya sabían qué número marcar.
En Tlaxcala, las denuncias no tardaron: empleados obligados a votar bajo amenaza de despido, boletas que debían ser fotografiadas como prueba, alcaldes con cuotas de votos, operadores movilizados, amenazas veladas. ¿La defensa desde algunos del gobierno morenista? Un argumento tan cínico como inútil: “¿Qué se extrañan? Los otros partidos también lo hacían”.
La respuesta ciudadana fue contundente. Las boletas anuladas con mensajes directos se convirtieron en un símbolo. “Vengo obligada por el gobierno de Lorena Cuéllar”, decía una, que circuló con fuerza en redes sociales. Esa boleta no votó, denunció. Y marcó la narrativa.
El espectáculo de la sonrisa forzada, el abrazo conyugal y las cámaras alineadas en la casilla más cubierta por medios que por ciudadanos, valieron menos que una hoja marcada con plumón y descontento.
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