Por Edgar García Gallegos
El 2027 se perfila como una batalla política digna de un bestiario: cada actor, con su estilo y ambiciones, está librando una lucha feroz por un lugar en el tablero. Conforme se acerca el proceso de sucesión, las apariciones públicas y los respaldos visibles se han convertido en el pan de cada día. Tlaxcala no es la excepción. Aquí, cada movimiento cuenta, y la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum encendió un avispero que habrá que observar con atención.
La presencia de Sheinbaum no pasó desapercibida, y no solo por su peso como mandataria federal. La visita se transformó en un termómetro político que expuso alianzas, tensiones y aspiraciones. Aunque algunos interpretaron como desdén el hecho de que Tlaxcala quedara relegada al final de su agenda en 2024, la visita demostró que los gestos también comunican más que mil palabras.
Claudia Sheinbaum mandó mensajes entrelíneas, y si algo nos enseñó, es que la política no solo se juega en los discursos, sino también en los silencios, las actitudes y hasta en los abrazos. La frase «todo comunica» cobró un nuevo significado. En Tlaxcala, no solo se escucharon sus palabras, también se leyeron sus gestos: desde cómo se movía entre la multitud hasta con quién se detenía a platicar.
En este juego de señales, la ausencia del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García fue un estruendo en sí misma. Mientras todos los aspirantes a suceder a la gobernadora Lorena Cuéllar se apresuraban por la foto del abrazo presidencial, él destacó por su ausencia. Este gesto pareciera confirmar que él es la carta más fuerte del Lorenismo, ¿pero será suficiente apostar al silencio?
Del otro lado, el saludo efusivo de la presidenta a Marcela González, dirigente estatal de Morena Tlaxcala, fue un punto de quiebre. «¡Ahora andas en el partido!», le dijo Sheinbaum con una sonrisa cómplice, acompañada de dos abrazos que no pasaron desapercibidos. La relación entre ambas viene de años atrás, cuando Sheinbaum era jefa de Gobierno de la Ciudad de México. En un contexto donde las relaciones personales también pesan, este gesto podría ser un aviso del peso que González podría tener en la sucesión.
En la otra esquina del tablero, el senador suplente Luis Vargas González tampoco perdió la oportunidad de saludar a la presidenta. Su activismo y conexiones a nivel federal lo colocan como una figura a observar. Sin embargo, la imagen de Vargas estrechando la mano de Sheinbaum no solo es un gesto de cortesía, es un grito de intención: consolidar su posición en la contienda interna y proyectar su fuerza política. Pero, ¿logrará que el ruido de su campaña sea lo suficientemente fuerte como para competir con los peces más gordos del estanque morenista?
Los senadores Ana Lilia Rivera Rivera y José Antonio Álvarez Lima también buscaron su lugar bajo los reflectores. Aunque el segundo tiene un pie dentro de la burbuja presidencial, el gesto de mandar una foto saludando a la presidenta desde atrás de las gradas termina por enviar un mensaje ambiguo. ¿Cercanía o distancia? En política, todo se magnifica y, a veces, las imágenes dicen más que los discursos. Aunque no se puede minimizar el juego y relaciones de la oriunda de Calpulalpan.
Nadie puede dar por muerta a la propia empresaria huamantleca, Dulce Silva, quien sabe acomodarse en el juego del poder, y también es bien vista por la presidenta.
La información completa, aquí:
El Bestiario: El tablero político en Tlaxcala. Sheinbaum movió el avispero. – La Bestia Política