El Bestiario… La ruptura de Morena en Tlaxcala es inevitable
Opinión de Edgar García Gallegos
En Tlaxcala, Morena no solo camina hacia una ruptura: ya la está padeciendo.
La sucesión rumbo a 2027 dejó de ser un proceso interno y se convirtió en un conflicto de bloques con consecuencias que rebasan al partido. Y ahora, con nuevos actores asomándose, el escenario se vuelve todavía más inestable.
La pelea central sigue siendo entre dos grupos irreconciliables. De un lado, el proyecto que impulsa a Alfonso Sánchez García, sostenido por estructura, operación territorial y respaldo institucional de una gobernadora.
Del otro, el bloque que acompaña a Ana Lilia Rivera, con el apoyo del exgobernador José Antonio Álvarez Lima, el cual ha construido su narrativa desde la confrontación con el Lorenismo, que le ganó la candidatura y dejó una herida que nunca cerró.
Todavía flotan las palabras de Ana Lilia: elegir a Lorena Cuéllar era haber elegido a Carlos Salinas de Gortari en Morena, en alusión al modelo de corrupción que representaba el expresidente.
Aquí el problema ya no es quién gane. El problema es qué queda del partido después de que alguien gane.
La confrontación ha escalado a niveles personales y estratégicos. No hay confianza, no hay acuerdos y no existen incentivos reales para la reconciliación. Cada movimiento de un grupo es leído por el otro como una amenaza existencial. En esta lógica, la unidad es retórica, no posibilidad. Mientras tanto, Alcalde deja crecer todo.
A este escenario se suma un factor que Morena en Tlaxcala subestima peligrosamente: la influencia de Adán Augusto López Hernández. Su eventual alineamiento, directo o indirecto, no solo reconfigura apoyos nacionales, sino que abre la puerta a una tercera vía. Un tercer candidato o candidata que surja como salida “neutral” ante el desgaste de ambos bandos no es una fantasía: es una opción que empieza a sonar con fuerza en los círculos donde se toman decisiones.
Ahí toman fuerza otros nombres como Óscar Flores, Luis Vargas, Carlos Augusto Pérez Hernández y la propia Josefina Rodríguez Zamora.
Cuando dos proyectos se desgastan mutuamente, el vacío se vuelve oportunidad. Y Morena ha demostrado, en otros estados, que prefiere sacrificar lealtades locales antes que cargar con un conflicto que reste competitividad nacional.
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