Delincuencia organizada, poder político y simulación democrática
Por Edgar García Gallegos
Las elecciones municipales en Apizaco y Chiautempan nos han regalado una obra digna de los mejores dramaturgos, donde la soberbia y el desgaste de marca han sido los protagonistas de una tragicomedia que ni los propios candidatos de la coalición PAN-PRI pudieron prever.
Pablo Badillo y la Marca Súper Rivera:
En el escenario de Apizaco, Pablo Badillo Sánchez, el ilustre representante del PAN, decidió que no bastaba con una campaña tradicional y ante su fallida estrategia electoral, que dio como resultado una derrota, optó por añadir un toque de dramatismo acusando al alcalde electo, Javier Rivera Bonilla, de usar indebidamente la marca Súper Rivera. Claro, porque en estos tiempos, lo que realmente influye en las elecciones no son las propuestas, sino la capacidad de hacer marketing de supermercado. Badillo incluso se quejó de los funcionarios de casilla, a quienes acusó de una “indebida actuación” con actos y omisiones, que afectaron el desarrollo de la jornada electoral” del 2 de junio, quizás porque no le ofrecieron una bolsa reusable con su voto.
Y no podía faltar el señalamiento por la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), al otorgar un reconocimiento a Súper Rivera como empresa comprometida con los derechos humanos, algo que suena risible. Claro, porque nada dice “compromiso con los derechos humanos” como una buena promoción de dos por uno en la sección de abarrotes.
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