Por Edgar García Gallegos
La creciente ola de inseguridad que sacude a Tlaxcala ha puesto en el ojo del huracán al secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Perea Marrufo, cuyo desempeño ha sido duramente criticado tras los recientes asaltos en restaurantes como Vintage y El Bonsai. Estos episodios, que dejaron a comensales y empleados aterrorizados, son un reflejo de un problema mayor: la falta de coordinación, presencia y comunicación por parte de las autoridades. Perea Marrufo, en lugar de tomar el control y dar la cara en operativos o ruedas de prensa, ha mantenido un perfil bajo, lo que ha intensificado las demandas sobre el papel que debe jugar.
Un aspecto que agrava la situación es el aparente fracaso del sistema de vigilancia C5i, diseñado para detectar y prevenir actos delictivos, pero que ha mostrado ineficacia incluso en zonas con cámaras cercanas. Esta desconexión entre la inversión tecnológica y la realidad operativa alimenta el descontento ciudadano. La falta de respuestas y la ausencia del titular de Seguridad no solo reflejan una crisis institucional, sino también una fractura en la confianza pública hacia quienes deben garantizar la tranquilidad de los tlaxcaltecas.
Gobernación, ¿un actor clave o un espectador?
En este contexto, el rol de la Secretaría de Gobierno (SEGOB) con su titular Luis Antonio Ramírez Hernández se vuelve fundamental. No se trata solo de administrar los equilibrios políticos y sociales, sino de ejercer una supervisión activa sobre los órganos de seguridad. La SEGOB tiene la responsabilidad de coordinar y garantizar la gobernabilidad, especialmente en crisis de esta magnitud. Sin embargo, su papel también ha sido cuestionado por la falta de acciones visibles. ¿Dónde están los mecanismos de control y seguimiento que aseguren una respuesta inmediata?
Tlaxcala necesita urgentemente liderazgos capaces de dar la cara en los momentos más difíciles. No se trata únicamente de aumentar la presencia policial, sino de recuperar la confianza ciudadana mediante acciones contundentes y claras. La seguridad no puede depender de comunicados ambiguos que minimizan la gravedad de los hechos. Las autoridades deben asumir una posición activa: el titular de Seguridad tiene que estar en el frente de los operativos y la SEGOB debe ejercer su función de control sin reservas.
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