Opinión de Carlos Ramírez
Como no se trata de una competencia formal sino de definir la estructura y los arquitectos del primero y el segundo piso de la 4-T, la victoria pírrica del presidente emérito López Obrador para quedarse con una desprestigiada e inútil Comisión Nacional de los Derechos Humanos debe tener una lectura estratégica con el mensaje de fondo y más integral de la gran victoria de la presidenta constitucional Claudia Sheinbaum Pardo para cambiar sin decirlo la estrategia de seguridad nacional y centralizarla en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que dirige Omar García Harfuch.
Como la estrategia de seguridad del Gobierno anterior no necesito para nada de la CNDH, la reelección de Rosario Piedra Ibarra le puso al organismo un lastre al cuello que la hundió en la inutilidad burocrática y de nada le servirá al presidente emérito haber ganado esa posición, porque por encima se encuentra la reforma al 21 constitucional que movió el eje dinamizador de la política de seguridad al territorio directo de la presidenta constitucional.
La victoria del presidente emérito al imponer de manera tan ostentosa la reelección de piedra Ibarra encontró ya en los espacios normalmente críticos del lopezobradorismo los elementos para comenzar a señalar que López Obrador no está cumpliendo su palabra de permanecer al margen y que fue demasiado evidente su intervencionismo en el Senado para reelegir a la presidenta saliente de la CNDH.
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