La reelección de Rosario Piedra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, puso de manifiesto una fisura más entre la presidenta Claudia Sheinbaum y quienes manejan el Congreso de nuestra golpeada República.
Hace unos días, la jefa del Ejecutivo dijo en su conferencia mañanera que sería los legisladores quienes libremente elegirían a la nueva titular de esta Comisión que ha brillado por su ausencia, omisión e ineficacia desde hace seis años, dejando sin protección y apoyo a mujeres, niños, periodistas y ciudadanos en general que han sido víctimas de diversas atrocidades, muchas de ellas responsabilidad del propio gobierno morenista.
Tomándoselo en serio, los propios legisladores morenistas pusieron en marcha una evaluación de las distintas aspirantes a ocupar el cargo. Al ser así, los mandamases guindas se dieron cuenta muy pronto de que todo se saldría de control y que la elección de la titular de la CNDH quedaría (como quedó) exhibida como una farsa.
La que mayor puntaje obtuvo fue Nashieli Ramírez, quien se ha venido desempeñando como presidenta de la Comisión de derechos humanos de la Ciudad de México; mientras que la peor calificada, incluso por los propios morenistas, resultó ser Rosario Piedra. En ese punto, todo parecía indicar que se impondría la experiencia y formación de Ramírez, que además gozaba del apoyo de la presidenta Sheimbaum. Sin embargo, luego de diversas dilaciones, recesos y una descarada operación política de “convencimiento” a cargo del infalible Adán Augusto López, la mayoría morenista en el Senado reeligió a Rosario Piedra, candidata obvia de quien siempre valoró más la lealtad que la capacidad.
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