Señorío Tlaxcalteca… ¿Quién será la candidata o candidato de Morena
Cuando el poder se divorcia de la realidad
Opinión de
Confieso que enfrenté varios dilemas al redactar esta colaboración. El tema que nos ocupa —aunque surge en el ámbito privado— ha tenido un impacto determinante, incluso dramático, en la vida pública de Baja California. Nunca es una buena noticia cuando el núcleo fundamental de toda sociedad, la familia, sufre una ruptura como el divorcio. Por eso, el respeto a la intimidad en estas decisiones suele ser sagrado. Sin embargo, lo privado se transforma en público cuando los protagonistas ocupan posiciones de poder cuyas repercusiones afectan a miles de ciudadanos. Ese, precisamente, es el caso aquí.
Desde el escándalo del 10 de mayo del 2025, tras el retiro de las visas estadounidenses a la gobernadora Marina del Pilar Ávila y a su esposo Carlos Torres, era previsible un desenlace inevitable derivado en presunto “divorcio”. Y así ha sido: la hipótesis se materializó en una escandalosa realidad en tiempo récord. Esta decisión permite al menos dos lecturas. La primera: que Carlos Torres haya asumido una postura caballerosa, cargando con toda la responsabilidad ante las autoridades de Estados Unidos y eximiendo a su esposa de cualquier implicación. La segunda: que el enojo de la gobernadora por el presunto abuso de poder de su aún esposo —que derivó en consecuencias legales internacionales— la impulsara a romper definitivamente con quien, al final, deslegitimó su gobierno. Marina desperdició una oportunidad única, sí fue y es la primera mujer gobernadora de Baja California, y también es la primera gobernadora en perder su visa en la historia de México. ¿Qué desperdició? Su buen paso y reconocimiento en la memoria política del estado y el país.
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