Opinión de Manuel López San Martín
Los abrazos fracasaron. Abrazar a los criminales, a quienes roban la paz y tranquilidad a los mexicanos, no funcionó. A los delincuentes hay que detenerlos, o al menos hay que ir tras ellos para capturarlos.
En los primeros dos meses del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum hemos visto un viraje en la estrategia de seguridad. Sí, se “atienden las causas”, pero sobre todo hay coordinación entre distintos niveles de gobierno. Se investiga, se persigue y se detiene.
Atrás quedó la “estrategia” de AMLO que se recargaba en “abrazos, no balazos” para justificar la inacción e instauración de una pax narca que sangró a nuestro país. 201 mil 153 asesinatos (INEGI) y un mexicano desaparecido cada hora del sexenio pasado, dan cuenta de eso.
La estrategia en marcha, encabezada por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, es muy distinta. Botones de muestra hay varios ya. Pero quizá ninguno tan nítido como la “Operación Enjambre” a través de la cual, el pasado viernes se detuvo quirúrgicamente a siete funcionarios públicos del Edomex, entre alcaldes y encargados de seguridad municipal, presuntamente ligados al crimen organizado.
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