Señorío Tlaxcalteca… El intento fallido de Lorena por extinguir el
Nuestro presidente es un aldeano. Poco le importa lo que pasa en el mundo, que la elección de jueces, magistrados y ministros no exista en ningún país democrático, y entender la complejidad de un proceso judicial.
Para López Obrador, los jueces son malos siempre que pierde casos. Por ejemplo, acusa que los jueces liberaron a Caro Quintero en un sábado y omite que la Fiscalía General de la República fue, por decir lo menos, negligente en el proceso de apelación en su contra, así como lo ha sido en muchos otros casos donde se vence el término legal y los recursos de los fiscales brillan por su incompetencia o de plano por su total ausencia.
Si hay ciudadanos que se amparan contra sus obras emblemáticas, sin importar si sus motivaciones son o no políticas, el presidente se molesta con los jueces que están obligados a otorgar esos amparos y los considera adversarios o, de plano, francos traidores.
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