Opinión de Javier Tejado Dondé null
Todos quienes trabajan y conocen a la presidenta Claudia Sheinbaum hablan de que es muy obsesiva y disciplinada en los temas y en su agenda de trabajo. Cuentan que antes de asumir el cargo el pasado 1 de octubre ya tenía su agenda para todo el mes. En esto de la disciplina y el estudio de los temas se nota una diferencia importante con López Obrador, quien tenía una especie de capa de “teflón” que le permitía, sin mayor preparación o estudio, esquivar coyunturas complicadas, sin bajar su popularidad. De hecho, AMLO era tan eficiente en atajar complejidades que sus secretarios de Estado tenían la indicación de remitirle cualquier tema complicado y acabó el sexenio con una alta popularidad, pese a tantos problemas.
Pero este fin de semana fue macabro: al menos 250 muertos en todo el país, con incidentes muy violentos y mediáticos en Sinaloa, Aguascalientes, Chiapas y, sobre todo, en Guerrero, en donde mataron al presidente municipal de Chilpancingo, Alejandro Arcos (PRI-PRD). Para causar pánico entre toda la población y otros funcionarios, sus asesinos lo decapitaron vivo y dejaron su cabeza a la vista de todos. Eso sí, junto a su credencial del INE, para que el cuerpo fuera identificado de manera inmediata. Arcos duró una semana como presidente municipal. Días antes habían matado a su secretario general de gobierno y a un militar que iba a ser designado como su secretario de seguridad. A pesar de los llamados que Arcos hizo, públicamente, para que mejorara su seguridad y la de su equipo, el gobierno de Guerrero no lo hizo… y lo mataron.
Destaca que el alcalde decapitado traía a dos escoltas de su policía municipal, mientras que la alcaldesa de Acapulco, la otra ciudad importante de Guerrero, trae como escolta a dos camionetas del Ejército y dos más de policías estatales. Qué diferencia y qué riesgoso resulta ser alcalde de oposición en estos tiempos.
La columna completa, aquí:
¿La violencia complicará la cuidadosa agenda de la Presidenta? (msn.com)