México, atrapado por un poder absoluto
La crisis es de fondo y de forma. Las decisiones tomadas desde la cúpula del gobierno han debilitado el Estado de derecho y los contrapesos que sostienen a una democracia. El apego al derecho se ha convertido en ficción, sustituido por una lógica de subordinación y propaganda.
Si bien el presidencialismo siempre ha sido la directriz del sistema político mexicano, desde 2019, lejos de limitarse, emprendió una campaña para acumular facultades sin precedentes. Mientras otras naciones evolucionan y amplían los mecanismos institucionales para contener al Ejecutivo, aquí los márgenes de acción son reforzados por un Congreso sometido y obediente.
Casi todas las reformas legales y las constitucionales desde 2019 han sido en detrimento de derechos ciudadanos. La ciudadanía que no votó por Morena ha quedado reducida a espectadora de su propio despojo.
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