Estamos a unos cuantos días del cambio de poderes y en el Senado de la República ya surgieron los primeros problemas al interior de Morena, derivado todo de la votación por la Reforma Judicial.
Adán Augusto López ofreció el oro y el moro a los Yunes a cambio de su apoyo, generando enojos en el partido guinda, entre ellos a la gobernadora entrante de Veracruz y el saliente, Rocío Nahle y Cuitláhuac García, quienes amagan con renunciar al movimiento si Miguel Ángel Yunes Márquez y su padre llegan a Morena.
No es cosa menor, a los Yunes, sobre todo al jefe de la dinastía, Miguel Ángel Yunes Linares, lo ubican como uno de los más férreos detractores de Andrés Manuel López Obrador y de la 4T.
Cuitláhuac y Nahle fueron sus víctimas. Toda la guerra sucia en la campaña lleva el sello de los “nuevos aliados”, por lo que no están de acuerdo en que alguien de los suyos los lleve de la mano en el Senado.
Ese alguien es el senador Adán Augusto, quien operó para que votaran por la reforma y en contra de su propio partido, el PAN.
Ayudó a destrabar el entuerto, pero dejó una estela de enojo entre varios colegas, molestia que ya llegó a los oídos de la Presidente electa, quien también expresó que no fue la mejor forma de gestionar el apoyo. Ni el propio AMLO estuvo de acuerdo, pero todos apechugaron por el “bien superior”.
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