Opinión de
Ésta no es una invitación a hablar de Sheinbaum ni de Trump, de Netanyahu ni de Putin, de Norma Piña ni de Lenia Batres, de Claudio X. González ni de Andrés Manuel López Obrador. Es un exordio a hablar de lo político, no de los políticos (lo que me produce aburrimiento y desinterés crecientes… y pareciera que no estoy solo).
Ésta no es una invitación a discutir la reforma al Poder Judicial o la desaparición de los órganos autónomos, la estrategia nacional de seguridad o la pertinencia del Tren Maya. Es un exordio a hablar de lo político, no de las políticas (lo que me produce preocupación e interés señeros… pero pareciera que mi compañía es exigua, y que esos tres pelados hablamos sólo entre nosotros y decimos las mismas cosas, que nuestra discusión interesa a pocos y poco efecto tiene en la realidad).
Esto es una invitación a hablar de lo político: de lo que a todos concierne, a todos interesa, en todos incide. Es una provocación a pensar la agonía involuntaria y la muerte provocada, las posibilidades de lo étnico y lo sexual con sus diferentísimas lecturas, los constructos variopintos que religión e ideología -hermanas incestuosas y voraces- han legado a la humanidad, así como las vías para dirimir los conflictos por ellas causados. Es una provocación -nunca mejor dicho- a discutir pertenencia y tránsito, salud y enfermedad, vigilancia y castigo, confrontación y coexistencia, guerra y paz. Y la invitación no la firmo yo. La firma una marca de suéteres.
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