Opinión de
Les guste o no a los lambiscones y aplaudidores a sueldo del gobierno federal, el grosero espectáculo de acarreo, mentiras, patrañas y “sueños guajiros”, que vimos y escuchamos el pasado domingo en el Zócalo, no es más que la confirmación del insultante Maximato que vivimos.
Y debemos repetirlo cuantas veces sea necesario, en todos los espacios posibles y a pesar del enojo y las amenazas de Claudia Sheinbaum; lo cierto es que vivimos el fin de la democracia, la instauración de una grosera autocracias y la muerte de libertades fundamentales.
Y es que luego de las críticas por “el circo” de los cien días de gobierno –que de suyo resulta de risa loca–, la señora Sheinbaum arremetió contra los críticos del insultante espectáculo que reeditó lo más rancio del viejo PRI y que mostró que la división de poderes no existe.
Así lloriqueo “la señora presidenta” en la mañanera de ayer lunes: “Sólo lean los artículos de los opositores… expresiones de odio, enojo, machismo y esa idea de que la presidenta no gobierna, es de un profundo machismo”.
Pero fue más allá: “Muchos anhelan que romper con el presidente López Obrador, pero se van a quedar con las ganas… sigan así, van muy bien… aquí no traicionamos”.
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