Mientras llega la fiesta, el mismo Trump calienta el ambiente con declaraciones que, siendo producto de su incontinencia mandibular, “tiene una lengua mas rápida que su cabeza”, (Muñoz Ledo dix it respecto a Vicente Fox), revelan las intenciones y deseos de quien conducirá al gobierno más poderos del orbe en los siguientes cuatro años. Cuando Trump habla de acciones inmediatas contra los capos de los carteles mexicanos, de imponer aranceles del 100% a los autos chinos fabricados en México, o de cambiar de nombre al Golfo de México, nuestro gobierno puede considerar que se trata de bravatas y responderle con chistoretes, pero mejor sería tomarlo en serio; no porque las cosas vayan a ser exactamente como lo anuncia, sino porque algo malo va pasar.
Reaccionar ante las declaraciones del futuro presidente de Estados Unidos como si se tratara de un duelo de albures no aporta nada al diseño y puesta en práctica de la política mexicana ante el diluvio que viene. Frente a las amenazas y groserías de Donald Trump , la respuesta mexicana tendría que ser comprensible para los tomadores de decisiones de inversión que operan o tienen interés en México, para los medios de comunicación y círculos de influencia con impacto internacional y para la opinión pública.
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