La falta de empatía y, su compañera inseparable, la violencia, se expresan en ellos de muy diversas y aterradoras maneras: violación, asesinato, secuestro, tortura, amenazas, acoso o indiferencia. Todas estas son formas más o menos graves del trastorno. Cada una de estas conductas muestran la incapacidad de entender al otro, peor aún, de sentir con el otro y tienen un rasgo común: la falta de capacidad para identificarse con las víctimas y la indiferencia absoluta por el sufrimiento ajeno.
Lo más desconcertante es que las personas con rasgos sociopáticos pueden parecer a primera vista encantadoras, carismáticas, aunque en el fondo son muy agresivas, en ocasiones letales, y tienden a la irritabilidad cuando no se les da la razón. Se han publicado innumerables estudios e investigaciones al respecto. Especialmente interesantes aquellos que han permitido conocer más de cerca el esquema mental de autoritarios o dictadores, que en la mayoría de los casos caen claramente dentro este perfil. Este trastorno de personalidad se puede presentar en hombres o mujeres, no hay distingos en sexo, género o cualquier otra variable, aunque hay que precisar que se produce más frecuentemente en los hombres.
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