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Ricardo Anaya, la revancha
Algunas de las figuras directivas de la oposición en México buscaron a Ricardo Anaya, hoy coordinador de los senadores del PAN, con una oferta muy concreta: si quieres competir de nuevo por la Presidencia, anúncialo ya.
La premisa —según me revelaron fuentes de primera mano— es bastante sencilla: Morena ya tiene candidato para el 2030. Se llama Andy López Beltrán y está recorriendo el país montado en el partido que fundó su papá. La oposición no quiere que le vuelva a pasar lo que en la contienda presidencial pasada: que para cuando definieron que Xóchitl Gálvez fuera la candidata, Claudia Sheinbaum ya llevaba dos años en campaña.
Ricardo Anaya estuvo ausente el sexenio pasado. López Obrador, en uno de sus desplantes autoritarios, le mandó girar una orden de aprehensión. Y Ricardo Anaya, siendo el político opositor mejor posicionado en las encuestas, salió corriendo a Estados Unidos. Pienso que si se hubiera quedado en México y AMLO lo hubiera metido a la cárcel, le hubiera hecho la campaña presidencial que soñaría la oposición. Hubiera tenido medio cuerpo dentro de Palacio Nacional. Un perseguido político de escándalo internacional. Pero el hubiera no existe. Ricardo Anaya tuvo miedo y se diluyó seis años.
Pero regresó —con fuero— y está luciendo mucho en el Congreso. A falta de figuras opositoras relevantes, el desempeño de Ricardo Anaya en el Senado es de alta nota. Sabe dónde y cómo colocar los dardos contra el régimen. Explica con claridad las posiciones opositoras. Ha resucitado como polemista y crítico. Y hasta tiene pelo.
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