Puedes asegurar que si los ministros de la Suprema Corte presentan su renuncia, como acaban de anunciar, se irán a casa con pensión y toda la cosa, y luego decir que no les vas a aceptar la renuncia justamente porque quieren una pensión que sale re cara.
Pensión, cabe recordar, que sí tienen una exministra y un exministro que, cabe recordar también, presentó su renuncia con la anuencia del Senado. Por supuesto, para todo fin práctico, ambos son integrantes de tu movimiento, con cargos públicos, dobleteo de quincena y toda la cosa.
Puedes tener el Estado literalmente en llamas, mentir sobre un viaje a Estados Unidos el día que asesinaron a tu rival en un lugar distinto a esa gasolinera que promoviste como el lugar del crimen, con video y todo, y luego venir a que te ovacionen los legisladores de tu partido, con harta selfie y harta risa cómplice, para finalmente avisar, tan campante, que vas a seguir en el puesto y que la revocación de mandato no te hace ni cosquillas.
Puedes tener cuanta investigación por dineros desaparecidos durante tu Gobierno (2 mil 500 milloncitos), más acusaciones de nepotismo, sin mencionar las presuntas violaciones sexuales y las fotos con delincuentes de los organizados, y acabar en la comisión de Presupuesto de los Diputados, como secretario, para decidir a dónde y en qué cantidades se van los recursos públicos.
Puedes lanzar una reforma constitucional que dice que en adelante todas las reformas constitucionales son inapelables, hagan de cuenta que estuvieran en el Corán, o sea, que fueran la palabra de Dios.
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