El agravio mayor no era solo la incapacidad que le atribuía a Mena, sino lo que consideraba una traición al PRI en las elecciones pasadas, cuando, según el marianista, el exgobernador entregó el poder a Morena. La reciente incorporación de Mena a la Lotería Nacional fue, para González Zarur, el clavo en el ataúd del partido en Tlaxcala. “El objetivo del partido es acceder al poder, y una vez allí, ayudar a la gente”, declaraba González, defendiendo un priismo que aseguraba llevar en la piel, aunque su narrativa de lealtad al partido estaba a punto de tronar por completo.
El golpe final llegó meses después, cuando el hijo de Mariano, González Aguirre, y su nuera, Alejandra del Moral, se unieron al proyecto de Claudia Sheinbaum. ¿Qué pasó con la lealtad de generaciones de priistas? El silencio del patriarca marianista desde entonces ha sido ensordecedor. Ahora, en octubre de 2024, los operadores más cercanos a González Zarur comienzan a abandonar al partido que alguna vez fue su cuna. La orden es clara: «Renuncien al PRI, ya no hay nada que hacer ahí».
Pedro Molina Sánchez, un actor cercano a González Aguirre, presentó su renuncia denunciando al «PRI secuestrado», afirmando que el partido ha perdido el rumbo revolucionario y se ha convertido en un club elitista que rechaza la crítica. Sus palabras resuenan como el eco de un PRI que alguna vez fue dominante y que hoy languidece bajo el peso de sus propias traiciones.
Figuras como Marisela Cuapio, Antonio Lemus, Anabel Alvarado y otros miembros del marianismo no tardarán en seguir los pasos de Molina. Al fin y al cabo, el PRI ha dejado de ser un espacio donde pueden construir poder; ahora es solo un cascarón vacío, víctima de sus propios sepultureros.
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El Bestiario…Las traiciones y el epitafio del PRI en Tlaxcala. ¿El marianismo cavando la tumba del tricolor? – La Bestia Política